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El Tiempo Está De Las Mujeres

Con el diario de la previa en la mano, todo parecía indicar que la 20 edición de los Latin Grammy, que se llevó a cabo el jueves pasado en el MGM Grand Garden Arena de Las Vegas, sería la noche soñada de Alejandro Sanz, quien había llegado a la ciudad del pecado como el gran favorito, con ocho nominaciones en su haber.

Sin embargo, las fotos del día después tuvieron cara -y cuerpo- de mujer. O mejor, de tres mujeres que marcaron la tendencia de una velada con mucho despliegue de producción, una lista de ganadores con pocas sopresas, algunas juntadas que quedarán en el recuerdo, una visita inesperada y la sensación de que la industria de la música hispanoamericana goza de muy buena salud.

Te acercamos historias de artistas y canciones que tenés que conocer.
Ese trío femenino estuvo formado por la española Rosalía, la chilena Mon Laferte y la mexicana Thalía. La primera, por haberse quedado con cinco gramófonos, entre ellos el de Álbum del Año; la segunda, por haberle puesto el cuerpo a su protesta contra la represión del gobierno chileno de Sebastián Piñera; y la tercera, por el reconocimiento a sus más de 20 años de trayectoria, con una proyección continental.

La gran ganadora. Rosalía se llevó cinco gramófonos a su casa, que se suman a los dos que había obtenido en 2018. (Foto: Bridget BENNETT / AFP)
La gran ganadora. Rosalía se llevó cinco gramófonos a su casa, que se suman a los dos que había obtenido en 2018. (Foto: Bridget BENNETT / AFP)

Sin duda alguna, con su álbum El mal querer, Rosalía logró mantener y aumentar la atención tanto de la crítica como del público, después de sus dos Latin Grammy obtenidos en 2018 con su tema Malamente, y así relegar a Sanz a quedarse tan solo con tres -que no es poco- de los rubros en disputa.

Pero hay algo más: con sus 26 años, la artista nacida en el municipio barcelonés San Esteban de Sasroviras encarna una nueva generación de artistas de su género que reclama y se hace cargo de un espácio cada vez mayor, por prepotencia de trabajo, talento y, en este caso también, por su búsqueda de nuevos lenguajes musicales.

En ese sentido, sin pretender romper nigun mandamiento del pop, con la incorporación de elementos del flamenco y su componente urbano lo de Rosalía es una vuelta de tuerca en un universo que más de una vez prefiere recostarse sobre los laureles conseguidos. Y el jueves tuvo su recompensa.

Lo de Mon Laferte, en cambio, tuvo su eje en el manifiesto político, y se desarrolló en dos etapas. La primera transcurrió en la premiere de la entrega, cuando al recibir su gramófono en la categoría Mejor Álbum de Música Alternativa, por Norma, la cantante lo dedicó a Chile, y se tomó unos segundos para recitar una décima.

“Chile me dueles por dentro, me sangras por cada vena, me pesa cada cadena que te aprisiona hasta el centro. Chile afuera, Chile adentro, Chile al son de la injusticia. La bota de la milicia, la bala del que no escucha, no detendrá nuestra lucha, hasta que se haga justicia”, recitó.

Pero el momento de mayor impacto, la artista, que llevaba un pañuelo verde en el cuello, lo provocó un rato después, cuando en medio de la alfombra roja abrió su abrigo oscuro para dejar al desnudo sus senos, sobre los cuales se podía leer un mensaje tan contundente como dramático: “En Chile torturan violan y matan”.

Por su parte, la premiación de Thalía, quien recibió su reconocimiento de manos de Emilio Estefan, fue una reivindicación de una trayectoria de más de dos décadas, que le dio al pop hecho al sur del Río Bravo una visibilidad mucho más allá de sus fronteras “naturales”.

Pero la fuerte presencia femenina no se circunscribió a los tres nombres citados; sino que, muy por el contrario, esa participación fue ratificada fundamentalmente a medida que se fueron sucediendo los distintos números musicales.

Por el escenario del enorme auditorio pasaron, entre otras figuras, Alicia Keys, en un impensado featuring con Pedro Capó, Farruko y Miguel; también Alessia Cara, junto a Juanes y Sebastián Yatra; las emergente Greeicy, Aitana y Nella, que compariteron el escenario con Alejandro Sanz; y claro está, la española Paz vega y la mexicana Rocelyn Sánchez, quienes formaron parte del terceto que condujo la ceremonia, y que completó el puertorriqueño Ricky Martin.

Roselyn Sanchez, Ricky Martin y Paz Vega, el trío de conductores que pilotearon la nave con fluidez y buen humor. (AP Photo/Chris Pizzello)
Roselyn Sanchez, Ricky Martin y Paz Vega, el trío de conductores que pilotearon la nave con fluidez y buen humor. (AP Photo/Chris Pizzello)

En su doble rol, Ricky también cantó; en el inicio de la ceremonia fue el encargado de cerrar el homenaje a Soda Stereo, protagonizado por fito Páez, Beto Cuevas y Draco Rosa, y ya sobre el final, con sus “nuevos” amigos Residente y Bad Bunny, quienes juntos estrenaron Cántalo.

En una edición que fue “boicoteada” por algunas figuras como Maluma, J Balvin y Daddy Yankee, quienes consideraron que la Academia Latina de la Grabación no le había dado al reguetón el lugar que merece, Bud Bunny fue uno de los pocos representantes del género que dijo presente y aprovechó el momento en el que recibió su galardón por Mejor Álbum de Música Urbana para instar a sus colegas a seguir reclamando, pero desde dentro.

Nada que pusiera en riesgo el clima festivo de la noche, que tuvo su situación más sorprendente cuando el baterista de Metallica, Lars Ulrich, tomó el micrófono para declararse admirador y fan de Juanes, antes de entregarle al cantautor colombiano el premio que lo coronó Persona del Año.

Después de un 2018 que había dejado sabor a poco, en la 20 edición de los latin Grammy había razones para abrigar la expectativa de que la representación argentina pudiera superar aquella magra cosecha.

Los nombres de Andrés Calamaro, David Lebón, Kevin Johansen, Marilina Bertoldi, Todo Aparenta Normal, Babasónicos, Bándalos Chinos, Juan Ingaramo, Paulo Londra, Carajo y A.N.I.M.A.L. eran suficiente motivo.

Sin embargo, una vez más quedó a la vista la participación aún tangencial que la producción local tiene en el contexto continental de la industria musical.

En ese marco, los dos premios logrados por El salmón, a Mejor álbum pop/rock, por Cargar la suerte, y Mejor canción de rock por Verdades afiladas, y el conseguido por el Quinteto Ástor Piazzolla por su disco Revolucionario, adquieren el carácter de una plataforma a partir de la cual proyectar de cara a las próximas ediciones de los premios.

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