A tres días de los comicios presidenciales en Perú, el ambiente se siente cada vez más tenso y el nombre del futuro gobernante del país es cada vez más incierto. El profesor de ciencias políticas de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Iván Lanegra, habló con EL TIEMPO sobre lo que Perú está viviendo en este proceso electoral.

¿Podría realmente ganarle Verónika Mendoza a Pedro Pablo Kuczynski en la carrera a la segunda vuelta?

Hay un gran sector de la población en las zonas más rurales del país en el cual un candidato que prometa algún nivel de cambio en las políticas actuales es visto como viable.

Julio Guzmán reflejó los intereses de ese sector y, al salir él, ese espacio quedó vacío. Una parte del grupo regresó con Kuczynski, que, aunque no era nuevo, representaba al menos un tipo de renovación. Pero es Mendoza la que genera cada vez más la sensación de ser la candidata más alejada de la tradición política (porque no había aparecido en este escenario).

Esta intención de cambio ha sido un patrón que se ha repetido en las elecciones del 2001, el 2006, y el 2011 con la elección de (Ollanta) Humala.

¿Cómo afectó la marcha del martes la imagen de Keiko Fujimori?

La marcha fue realmente inusitada por la cantidad de personas presentes y, además, fue pacífica. Eso obligó a todos los medios a reconocer la importancia de la manifestación. Incluso los mismos que apoyan a Keiko lo han reconocido también, aunque dicen que no es importante para lo que va a ocurrir el domingo en las elecciones.

La marcha en realidad ratifica el crecimiento de la polarización en el país. Además, muestra que, sin duda, el ánimo de los que se oponen a Fujimori está en alza, pues sienten que existen mayores posibilidades de derrotarla en una eventual segunda vuelta de las que existían hace algunas semanas. (Lea también: En Perú, Keiko espera su rival en presidenciales)

¿Por qué Keiko lidera los sondeos, cuando hay un grueso de personas que no quieren que llegue a la presidencia porque la relacionan con su padre, Alberto Fujimori?

Aunque existe evidentemente una mayoría que rechaza los delitos de Alberto Fujimori como presidente, hay un porcentaje del país que a pesar de ello reconoce los logros durante su gobierno, en particular la lucha contra el terrorismo de fines de los años 80 y de los 90, y también la recuperación económica del país. Además, todavía está presente el recuerdo del desarrollo de programas sociales que llegaban a lugares donde antes no lo habían hecho.
Esa combinación de factores ha creado, yo calculo, un 20 por ciento de la población que considera que, a pesar de los crímenes que se le comprobaron a Alberto Fujimori, los logros son ampliamente superiores y que, por tanto, Keiko suma algo en el balance bueno del país.

Hay otro 10 por ciento, aproximadamente, que es fruto de su trabajo político. Ella no es una persona que simplemente haya recibido ese legado y que no haya hecho un esfuerzo por generar las condiciones para hacerlo mucho más sólido.

Esto es lo que conforma ese 30 por ciento que siempre ha tenido en los sondeos en promedio.

Y los intentos de Keiko de marcar distancia de su padre…

Es una cosa muy ambigua porque el legado que, por un lado, le atrajo un porcentaje positivo de votos, por el otro le atrajo el antivoto. Entonces, necesita mantener lo positivo, pero también desligarse de lo negativo. Es un juego de equilibrio muy difícil políticamente, porque tiene que decir “yo soy garantía de las cosas positivas de mi padre, pero ojo, no voy a hacer nada contra los derechos humanos, no voy a hacer ningún golpe de Estado”. De hecho, la frase clave del documento que firmó en el debate del domingo es “nunca más un 5 de abril”.  (Lea también: Fujimori se perfila como nueva presidenta de Perú)

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