El papa Francisco llegó este viernes a México para una esperada visita de cinco días, donde una multitud de jubilosos fieles lo esperaban en las calles, después de su histórico encuentro en Cuba con el patriarca ortodoxo ruso Kirill. El pontífice argentino fue recibido en el aeropuerto de la capital mexicana por el presidente Enrique Peña Nieto y la primera dama Angélica Rivera, mientras un grupo de mariachis y bailarinas hacía una presentación tradicional y una multitud de fieles le gritaban “esta es la juventud del papa”.

Un día antes de la llegada del prelado, México vivió un trágico episodio que recordó el clima de violencia que golpea el país, cuando presos de la cárcel Topo Chico de la ciudad norteña de Monterrey se enfrentaron con bates y cuchillos, en una batalla campal que dejó 49 muertos y 12 heridos.

El papa, que este viernes lamentó los hechos en una carta, tiene previsto hacer una visita a la cárcel de Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos, que hasta hace pocos años era considerada una de las más violentas de América Latina.

Francisco fue recibido con explosiones de júbilo, luces de linternas y celulares por fieles mexicanos que llegaron al aeropuerto antes de que el pontífice recorra las calles de la capital en el “papamóvil”. En el sur de la capital mexicana, una valla metálica bordeaba varios kilómetros de calles donde decenas de jóvenes católicos, vistiendo gorras y pañoletas amarillas y blancas, se aprestaban para recibir a su líder religioso.

“Es muy emocionante verlo. Siempre recibes una vibra muy especial, de puro amor”, dice Laura Jiménez, una entusiasta joven de 17 años. “¡Se ve, se siente, el papa está presente!“, gritaba otro grupo de católicos que llevaba varias horas bajo el sol, incluso con niños y ancianos. Esta será la séptima visita de un pontífice a México, el segundo país más católico del mundo después de Brasil, con unos 100 millones de bautizados.

Cita de contrastes

El prelado, en su primera visita a México desde su elección como líder católico en marzo de 2013, tiene previsto encontrarse el sábado con el presidente Peña Nieto en el palacio nacional, un encuentro que podría ser un bálsamo para el atribulado líder mexicano. “La cita en el Palacio Nacional ofrece un contraste del papa Francisco como el líder más popular del mundo y el presidente Peña Nieto como un jefe de estado impopular que ha sufrido un golpe tras otro“, comentó a la AFP Andrew Chestnut, profesor de estudios religiosos de la Universidad de la Mancomunidad de Virginia.

El martes, el Papa irá a Morelia, en el violento estado de Michoacán (oeste) y acabará su visita en la fronteriza Ciudad Juárez, donde realizará una simbólica misa en el borde de la frontera con Estados Unidos por donde miles de migrantes cruzan clandestinamente cada año. Puntos altos de la visita son “Ciudad Juárez, la Basílica de Guadalupe y San Cristóbal. Chiapas sobresale porque engloba todos los grandes temas papales como la pobreza, la injusticia social, los derechos indígenas y la migración centroamericana”, destacó Chestnut.

Por la unidad del cristianismo

Antes de su llegada a México, el líder del catolicismo mundial se encontró en La Habana durante dos horas con el patriarca ortodoxo ruso Kirill, en una cita que marcó un acercamiento entre el cristianismo de occidente y oriente. “Lamentamos la pérdida de la unidad”, dijeron los líderes religiosos en una declaración conjunta de 30 puntos que pasará a la historia por ser la primera que suscriben los representantes de la Iglesia de Occidente y Oriente.

En ese sentido, “y conscientes de muchos obstáculos que hay que superar, esperamos que nuestro encuentro contribuya a la obtención de la unidad mandada por Dios”, añadieron. Francisco (79 años) y su “hermano” Kirill (69) sostuvieron un encuentro de dos horas en el aeropuerto internacional de La Habana, capital de la otrora atea Cuba. Más allá de sus conclusiones, la cita estuvo cargada de simbolismo para el mundo cristiano, que reúne en sus dos ramas a 1.330 millones de creyentes. El presidente Raúl Castro sirvió de anfitrión y facilitador de este encuentro.