MÉXICO. De un momento a otro, apenas el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, publique la Reforma Política en el Diario Oficial de la Federación, el Distrito Federal (DF) será enterrado oficialmente en nombre y en estructura de trabajo para ver nacer a la Ciudad de México (CDMX) como la entidad 32 del país.

La CDMX tendrá municipios (antes eran delegaciones) con un Consejo de Gobierno que, aunque no es lo mismo que un “cabildo” porque no tiene capacidad de voto, los futuros alcaldes enfrentarán un contrapeso; antes, los delegados, operan solos, como “reyezuelos”, observan los analistas.

La CDMX tendrá también acceso a programas sociales del gobierno federal que como DF no tenía (entre ellos el más importante contra la pobreza, Prospera); a créditos para obra pública del banco nacional Banobras y, sobre todo, claridad legal. Para etiquetar el presupuesto de educación o decomisar bienes privados, por ejemplo, el Distrito Federal carecía de atribuciones constitucionales que sí eran muy específicas en los estados.

Por lo demás, en los 50 artículos de la Constitución Federal para lograr la Reforma Política de la Ciudad de México los legisladores sólo cambiaron la palabra “Estado” por entidades. Y listo.

Lo más profundo

El 31 de enero de 2016 es el plazo límite para que la Ciudad de México tenga su constitución, un documento que, según Mancera, será “punta de lanza para la igualdad social” aunque ya arrastra desde ahora una deuda democrático.

“Los legisladores olvidaron incluir un referéndum vinculante: esto quiere decir que una vez que se apruebe la constitución no la podrá sancionar el poder ciudadano en un referéndum como sí ocurre en cualquier constituyente del mundo después de la postguerra”, observa Miguel Eraeña, abogado constitucionalista y director de la carrera de derecho de la Universidad Iberoamericana.

Como sea, el congreso constituyente se integrará en los próximos meses con 100 asambleístas: seis propuestos por el presidente de la República, Enrique Peña; seis por el jefe de gobierno; 14 por los diputados federales; 14 por senadores y 60 más serán electos en votación pública el próximo 5 de junio para ponerse a trabajar el 15 de septiembre.

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¿Cuáles son los ideales que debe incluir la constitución de la CDMX para que sea de vanguardia, como se promete? se le pregunta al analista Eraeña.

Si es cierto que son tan demócratas como pregonan los gobernantes de la capital mexicana (porque seguirá siendo capital mexicana) podrían implementar mecanismos judiciales para que la ciudadanía pueda interponer

recursos de inconstitucionalidad contra decisiones del gobierno; o una verdadera revocación de mandato para funcionarios incompetentes o corruptos a través de firmas ciudadanas, por ejemplo.

Para el analista político Nicolás Loza, si bien la constitución local estará acotada por la federal para hacer cambios (por ejemplo, “sería imposible que el gobernador de la Ciudad desapareciera para darle paso a una suerte de primer ministro o un régimen parlamentario) sí tendrá oportunidad crear nuevas instituciones o mejorar programas. “Un buen ejemplo es el presupuesto participativo (dinero para obras o proyectos ciudadanos) porque existe en DF desde hace cuatro o cinco años, pero funciona mal, con poca participación y manipulado por delegados.

La gente

Las preocupaciones de los capitalinos, por ahora, giran en torno a situaciones más pragmáticas. Mancera dijo que el gentilicio se definirá con el tiempo. “Es urgente saber como nos van a decir ahora”, comenta Carlos Paúl en las redes sociales. “Chilango es como me gusta que nos llamen a los que nacimos o vivimos en la Ciudad de México. Mi madre es de Durango. Mi padre de Michoacán. Mi tío y mis primas de Sinaloa. Mi abuela de Quintana Roo. Yo nací aquí. Soy citadino: chilango primera generación”.