Desde la avenida Nasa Road 1 de Houston es posible observar una imagen poco común en cualquier otra ciudad del país: un Boeing 747 y sobre él, un transbordador espacial.

Ya dentro de los terrenos del Centro Espacial Houston (Space Center Houston), la sección del interior del Boeing 747 que puede ser vista es verde limón con vigas y soportes metálicos cóncavos.

La sección muestra el casco original del avión, según funcionarios del centro espacial. Una estrecha escalera de caracol conduce a los altos, donde está la cabina del piloto llena de dispositivos de navegación y palancas. Los ingenieros aseguran que el avión se encuentra en buenas condiciones y que es capaz de volar hoy día.

Gran parte de este avión que una vez transportó transbordadores espaciales (este es uno de dos de esos aviones) está muy bien conservada.

El Boeing 747 y la réplica de un transbordador que está situada en la parte superior del avión serán parte de la nueva exposición en el Space Center Houston que será inaugurada el próximo sábado.

Lo que más se destaca, sin embargo, es lo nuevo. Hay una serie de pancartas de varios colores que describen la evolución del PROGRAMA de transbordadores y sus raíces en el Centro Espacial Johnson. También hay una exhibición interactiva que incluye una que invita a los visitantes a montarse en un transbordador miniatura encima de un Boeing 747.

“En ninguna parte del mundo hallarás algo así”, dijo el presidente y director ejecutivo del Centro Espacial de Houston, Richard Allen. “Se trata de algo icónico”.

La exposición, llamada Independence Plaza, pone fin a cuatro años de trabajo. El miércoles, los trabajadores daban los toques finales a la exhibición. El zumbido de los taladros y el estruendo de metales sonaban mientras las herramientas cumplían sus funciones. Un grupo de obreros colocaba un pequeño estanquillo de venta de productos cerca del ala derecha del avión.

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La mejor manera de apreciar la exposición es yendo de arriba hacia abajo, según Paul Spana, gerente de la exhibición. Los elevadores y las escaleras conducen a los visitantes a las seis plantas superiores, donde pueden ingresar en la réplica del transbordador espacial.

Muestras y exhibiciones informativas, incluidos binoculares y una bandera estadounidense que se utilizó durante algunas de las misiones, se alinean en los alrededores de la zona de carga. Los visitantes pueden explorar los espacios reducidos donde los astronautas vivían durante semanas.

Cuando se baja hacia la planta donde está el 747, los visitantes pueden caminar a lo largo del avión. Hay muestras interactivas de túneles de viento y una prueba diseñada por un psicólogo de la NASA para determinar las carreras más afines para las personas que visitan el Centro Espacial Johnson.

Una de sus muchas características es un modelo de Boeing 747 dentro de una armazón de vidrio. Ese modelo es el mismo que el ingeniero de la NASA John Kiker empleó para demostrar su teoría de que el avión podía transportar un transbordador.

El Centro Espacial de Houston recibió primero la réplica del transbordador en 2012, proveniente del Centro Espacial Kennedy en Florida, y ya se disponía a inaugurar esa atracción cuando recibió el 747 del Centro Espacial Johnson, según Spana.

Una decisión que molestó a muchos

La decisión de no enviar a Houston un transbordador real molestó a muchos residentes del área. Los transbordadores originales se exhiben en el Centro Espacial Kennedy, en Florida; en el Centro de Ciencias en Los Ángeles, California; y en el museo Smithsonian, en el norte de Virginia, en las afueras de Washington, D.C. También hay uno en la ciudad de Nueva York.

Allen dijo, sin embargo, que los visitantes nunca podrán entrar en un transbordador real como pueden hacerlo en una réplica.

La NASA compró el 747 a American Airlines en 1974. El avión fue retirado en 2012, después de más de 11,000 horas de vuelo y más de 6,000 despegues y aterrizajes.

No fue hasta 2014 que el Centro Espacial de Houston pudo desmantelar el 747 para transportarlo y colocar un transbordador encima. Desde entonces, la construcción ha despertado la curiosidad de visitantes.

“Cuando oí sobre esto la primera vez, dije que se trataba de algo estupendo en el mundo”, expresó Frank Marlow, piloto retirado de la NASA que voló en el 747.

El Centro Espacial de Houston tuvo cerca de un millón de visitantes en 2015, la cifra más alta en su historia, según Allen.

Funcionarios esperan que la nueva exposición incremente el número de visitantes.