A largas

jornadas de trabajo, bajos salarios y

un futuro incierto se enfrentan

miles de mujeres inmigrantes, pero

nada es más doloroso que dejar

atrás a sus hijos sin saber cuándo

les volverán a ver.

Rocío tomó hace siete años la

difícil decisión de dejar a sus hijos

en su país, Ecuador, en busca de

una mejor vida, tras separarse de su

esposo y quedarse sin sustento

económico.”Al encontrarme sola,

sin esposo y con mis hijos

pequeños tomé la decisión de venir

a Nueva York con la ayuda de un

‘coyote’ (traficante de personas)”,

recordó Rocío, quien trabaja cuatro

días a la semana en limpiar casas y

los viernes como jornalera.

“Cuando me separé, el pequeño

tenía tres años y cuando lo dejé

tenía diez. Se quedaron solos, sin

familia”, comentó. Sus hijos de

once y diez años quedaron bajo el

cuidado de su hermana mayor, de

tan sólo trece años y recordar ese

momento, hace que la tristeza

asome a su rostro.

El viaje desde Ecuador le costó

12,500 dólares que pagó en un año

“trabajando los siete días de la semana

18 horas al día”.”He pasado

muy mala vida para poder pagar”,

dijo la ecuatoriana de 42 años. “Me

he sacrificado mucho. En verano

tenía que vender agua, soda, frutas,

de todo, pero con mi trabajo hice el

dinero, gracias a Dios”.Rocío habla

con sus hijos todos los días y aseguró

que fueron cuatro años muy

duros lejos de sus pequeños, experiencia

que se repite en muchas de

las mujeres con las que comparte el

oficio de jornalera y de otras miles

de inmigrantes.

La deuda sigue

Tras cuatro años en Nueva

York, Rocío trajo a sus hijos

varones, quienes ahora con 18 y 19

años tienen que pagar 14 mil

dólares cada uno al “coyote”.Su

hija, de 20 años, desempleada, continúa

en Ecuador y es madre de dos

niños, a los que Rocío y sus hijos

sostienen.”Yo sé luchar. Trabajo

como vendedora ambulante, en lo

que sea saco fuerzas. Tengo que ser

valiente porque tengo hijos que

mantener”, afirmó.

Aseguró que a pesar de todos

los problemas a los que se ha

enfrentado y lo difícil que sigue

siendo su vida, las fuerzas no la

abandonan ni puede permitirse el

lujo de caer enferma.”Tenemos que

salir obligadas aunque caiga nieve.

Somos mujeres solas y hay que

pagar la renta. La limpieza paga

más que en las fábricas, donde el

promedio es de 5,15 dólares la

hora”, señaló.

Un oasis en el desierto

El Proyecto de Trabajadores

Latinos, que brinda ayuda a inmigrantes,

lucha para conseguir un

espacio físico donde estas trabajadoras

puedan estar mientras

esperan ser contratadas.Con esta

iniciativa se trabajará para

prepararlas en diversas áreas como

cuidado de niños, ofrecerles clases

de inglés e informarles sobre sus

derechos laborales y de inmigración,

explicó el director de la

organización, Oscar Paredes.

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